lunes, 10 de octubre de 2011

RESEÑA: ¨ÉTICA PARA AMADOR¨ DE FERNANDO SAVATER.

Fernando Fernández-Savater Martín (San Sebastián, 21 de Junio de 1947) es un filosofo, activista y escritor español. Novelista y autor dramático, destacado en el campo del ensayo y el articulo periodístico. En 2008 fue galardonado con el Premio Planeta por su novela La hermandad de la buena suerte. Catedrático de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid. En su libro ¨Ética para Amador¨, Savater entiende a la ética como el arte de vivir. Ése arte de vivir del que Savater habla es la manera como decidimos, haciendo uso de la libertad, cuál es la mejor manera de vivir. Para ello entonces nos dirá que Hagamos lo que queramos, pero ese hacer lo que queramos no es más que una trampa de la que se vale el escritor para hacernos entender que HAZ LO QUE QUIERES, es la orden más disfrazada de libertad y rebeldía que se le podría dar a alguien. Como él mismo lo expresa, ¨si la obedeces la desobedeces, porque al hacer lo que quieres estás llevando a cabo la orden que te di con la sentencia, pero al mismo tiempo estás haciendo lo que quieres al decidir hacer lo que quieres realizar¨. Además en esta obra también se encuentra consignado que SIEMPRE TENEMOS EL DERECHO DE ELEGIR CÓMO COMPORTARNOS

Lo que intenta hacernos entender Savater a lo largo de su libro es que la ética no es una verdad absoluta ni dicha, sino más bien diciéndose. Aclara:  ¨este no es un manual  y tampoco existen técnicas para llegar a ese ideal de ética que todos pretendemos¨. No obstante, nos deja por sentadas ciertas bases que son la libertad, el respeto y la comprensión del otro poniéndonos en su lugar. Es decir, ser capaces de asumir como propio un rol ajeno para poder entenderlo. Ahora bien ¿Qué tiene que ver todo un rollo ético sobre lo que aquí estamos tratando? Pues bien ¿Qué es la construcción del hombre finalmente sino el resultado mismo de su ética como persona y lo que ella y sus principios le puedan servir para desenvolverse dentro del medio que lo rodea? La ética es lo que construye al ser humano en su sentido más pleno y a la vez la carencia de esta es la degradación del mismo en su sentido más total. Savater nos dice que la finalidad de cada persona no debe ser una distinta a pretender darse la buena vida, entendiéndose esta como el conjunto de satisfacciones pequeñas que juntas conforman un todo que se llama felicidad.¨Dice que:  ¨No hay vida buena sin libertad y la libertad nos es dada mediante el pensamiento, que es lo que nos diferencia de los demás seres, en tanto que nos permite entrar en un desciframiento del mundo y a la vez nos lleva a problematizarlo para poder escoger de la manera más sabia y conveniente para nosotros¨.

Para pesar de muchos y alegría de pocos somos ineludiblemente libres y capaces de pensar y decidir por nuestra cuenta, ¨siempre tendrás el poder de elegir cómo comportarte¨. De pensar por ejemplo cuándo es bueno, conveniente o inconveniente para nosotros dejarnos influir por el medio. Saber, verbigracia, que el medio así como nos forma nos puede deformar y que ahí debemos estar los hombres como sujetos pensantes que somos, para cuestionar y poner en tela de juicio todo aquello que se nos pretende imponer desde afuera para muchas veces definir lo de adentro.La dificultad de llevar a cabo ese proyecto de la felicidad, nos lo explica Savater, estriba principalmente en que a las personas les gusta más no sentirse libres que entenderse como seres “condenados a la libertad”, ya que se quitan así mismos la responsabilidad de sentirse culpables de su propio destino y de su, a menudo fracasada, búsqueda de la felicidad; que casi siempre termina por concluir con que no somos libres para justificar así la desdicha.Es mucho más fácil atribuirle la culpa a la no libertad de hacer lo que queremos como causante de nuestros fracasos, que decir nosotros mismos que en santo uso de nuestra de libertad hemos querido ejecutar tales fracasos, permitiendo también que el medio que nos rodea nos manipule para perjuicio propio. Ha sido contraproducente esa supuesta formación a partir del medio que nos “construye”, y escríbase entre comillas porque muchas veces no es ninguna construcción la que hace sino todo lo contrario.

En suma, la ética, cuando se encuentra bien cimentada, debe tener la capacidad de resistir a la influencia de cualquier medio negativo que pretenda imponérsenos. La ética debe ser el libre poder individual que cada uno tiene para defender sus criterios con autoridad y carácter sin importar la presión que puedan ejercer los patrones culturalmente establecidos. En lo social son muchas las reglas que se hallan desafiantes hacia nuestros valores y a veces tristemente nuestros valores pierden ese desafío contra la presión del grupo o el medio. Este fenómeno se da por una razón muy sencilla y es porque queremos encontrar en un lugar externo a nosotros, algo que se halla en nuestro más íntimo y recóndito interior y que nos compete solamente buscarlo a nosotros mismos, pues nadie puede venir a decirme desde afuera quién soy yo o como lo diría con mejor incisión Savater: “no le preguntes a nadie qué hacer con tu vida, pregúntaselo a tu libertad misma”.

Bibliografia.
Savater, Fernando. Ética para Amador. Barcelona: Ariel, S.A., 2004. Capítulos 1, 2 y 3. Págs. 11-46

RESEÑA: CIUDAD DE DIOS EN ANALOGÍA CON EL HOMBRE Y EL MEDIO QUE LO CONSTRUYE

Esta es una producción brasileña dirigida por Fernando Meirelles en el año 2002 de drama criminal. En ella podemos apreciar una clara ejemplificación de que la voluntad es capaz, y tiene la fuerza, de vencer a la presión social. La historia de “Cohete”, el narrador de la película, es una muestra fehaciente de la resistencia que en uso de la libertad es posible hacer para no caer en los perjuicios que a veces nos pueden causar los medios que nos rodean.  En el caso de “Cohete” no lo abarcaba un ambiente sano que lo construyera benefactoramente sino todo lo contrario, se hallaba en una atmósfera de delincuencia, vandalismo, asesinato y hasta narcotráfico. “Cohete”, a pesar de que los robos eran la profesión regular a la que aspiraban todos los habitantes de la Ciudad de Dios, nunca pudo asumir ese estilo de criminal para su vida. Él, al igual que todos los jóvenes y niños, era totalmente libre de escoger el camino que seguiría.


Cuando nos encontráramos frente a realidades que envuelven todo el nefasto marco circunstancial de un territorio como su falta de oportunidades y prevalencia del delito como cuasiúnico móvil de subsistencia, escapase de nuestras manos la escogencia sobre cuál de los dos senderos del dividido camino seguir. Pero todo vuelve a lo mismo: una elección. Una elección que pende únicamente de nuestro criterio propio, de lo que decidamos. Aunque sé que cualquiera podría decir que frente a circunstancias tan determinantes y fuertes como las de la Ciudad de Dios, es demasiado difícil no decidir ser un delincuente. Sí, eso es cierto, es difícil pero definitivamente no es imposible. En la película, “Cohete” nos enseña que sí es posible, que el medio en efecto influye pero que la decisión es exclusivamente nuestra. El asunto parecería quizá tratarse del carácter con el que una persona sea capaz de desenvolverse en el medio en el que converge, ya que si bien es cierto que no nos podemos anarquizar completamente dela sociedad en la que vivimos, también es cierto que los seres humanos tenemos la capacidad de pensar y hacerlo para elegir. “Cohete” eligió lo que consideró que era más conveniente para él, y es lo que todos deberíamos hacer: buscar aquello que nos proporcione el mayor beneficio, incluso por encima del entorno en el que nos hallemos. De lo contrario, no seremos hombres construidos por el medio sino más bien víctimas del medio, cosa que desde ninguna perspectiva nos favorecería.


¿El medio nos construye o nosotros somos los que construimos al medio? Es relativo, porque la mayoría (no quiero correr el riesgo de decir que todos) nacimos ya en un medio construido y tenemos la “misión” de adaptarnos a él. No obstante, lo que acabo de decir es algo que ya se ha replanteado varias veces, puesto que disciplinas como por ejemplo la antropología urbana, se han encargado de afirmar que la sociedad no es un espacio construido sino más bien un espacio construyéndose. Eso quiere decir que se halla en un constante cambio, sujeta a modificaciones permanentes que se encargan de realizar los mismos habitantes de la sociedad. La sociedad es pues un territorio cambiante y dependiente de las configuraciones que nosotros mismos en fluctuación le hagamos. No hay excusa entonces para culpar al medio de lo que nosotros somos. Es más vale al revés, el medio nos puede culpar a nosotros de lo que es él, ya que por mucha programación biológica o cultural que tengamos, los hombres siempre podemos optar finalmente por algo que no esté en el programa. Los niños de la ciudad de Dios, hubiesen podido optar por otro estilo de vida, “Zé pequeño” con  la misma libertad que escogió volverse el hombre más respetado, por temido, de la favela habría libremente podido escoger otro camino como lo hizo Cohete, quien creció en el mismo medio que Zé y se resistió a ser igual que ese medio.


En conclusión, desde varios ángulos es posible observar la historia de las favelas que se plantea en Ciudad de Dios. Por ejemplo, una mirada algo policía de la situación, entendería a la película como un prototipo de la anomia que sufren los arrabales por parte del Estado. Ésa situación no solo se da en Brasil sino en gran parte de Occidente, en donde los barrios de los suburbios nos son abrazados por las oportunidades de un progreso socioeconómico, sino más bien son rezagadas en el olvido de la indiferencia y el desamparo de un utópico desarrollo que cada vez pareciera estar más lejano. Desde una mirada religiosa hasta se podría decir que Dios se olvidó de su favela y que las esperanzas de salvación están perdidas para esos pobres criminales, sin embargo, el tema desde lo teológico compromete un abordaje tan complejo que abandonaría totalmente la serie aquí tratada. Ciudad de Dios es un acervo triste de injusticias y rezagos que nos recuerdan el olvido de la pobreza, el desorden y la desesperanza. No obstante, que nunca vaya a soslayarse que de nosotros mismos depende dejar de ser pobres y olvidados para pasar a ser triunfadores y recordados.